El valor del autoconocimiento del líder

El líder primero es líder de su propia vida. Para liderar a otros primero necesito crecer en el liderazgo de mi mismo...

“Los líderes son efectivos por lo que son interiormente; por las cualidades que los hacen personas. Para llegar al más alto nivel de liderazgo, las personas tienen que desarrollar esos rasgos interiormente”.
(Jonh Maxwell)



El líder primero es líder de su propia vida. Para liderar a otros primero necesito crecer en el liderazgo de mi mismo: liderazgo intrapersonal. La Biblia dice: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea del espíritu que el que toma una ciudad”. Lao Tze dijo: “Quien vence a los otros, es fuerte. Quien se vence a sí mismo, es poderoso”. El filosofo Platón dijo: “La primera y gran victoria es conquistarse a uno mismo”. El Dr. Stephen Covey dice que “las victorias privadas preceden a las victorias públicas”.

Resultaría paradójico un líder pretendiendo liderar a otros, inspirar a otros, guiar las vidas de otras personas, manejar el negocio de otro, encaminar a sus seguidores hacia una visión organizacional, si el mismo no es dueño de sí mismo, si no es capaz de manejar y dirigir adecuadamente sus emociones, si no está a cargo y se ha hecho responsable de su propia vida, sino no tiene su propia definición de visión y proyecto de vida. En tales condiciones cómo podrá liderar a otros. De igual manera si no soy líder en círculos más pequeños como mi familia, cómo podré liderar sobre una empresa u otra institución.

¿Cómo logra el líder tener dominio de sí mismo? Necesita madurar en la conciencia que puede tener de su propia interioridad, vale decir, tomar contacto con su propia realidad interior: emociones, necesidades, mapas, etc. Esa información que obtiene de su propia realidad interna es la que le faculta para realizar un contacto nutritivo con el entorno que le rodea; es también la base de su efectividad interpersonal. La vida interior es el sustento de la vida que desplegamos externamente: trabajo, relaciones, etc. Al respecto comenta Manuel Barroso:”La verdad es la vida interior, que se proyecta en la calidad de gestión. Ni es el método, ni el procedimiento lo que hace la diferencia, sino el contacto con las necesidades lo que produce la energía que se necesita para ser un gerente efectivo que decide y soluciona. No hay calidad afuera, sin calidad adentro. La calidad de adentro está en la conciencia y en el cultivo de las propias necesidades”.

La verdad a que hace referencia Manuel Barroso es personal y exclusiva de cada líder; propia de su realidad íntima, de su yo interno. Es la verdad de sus propias necesidades y emociones que buscan expresarse; de sus sueños y expectativas que afloran en una visión personal; de sus experiencias, procesos y aprendizajes que le confieren su identidad; de sus talentos y habilidades naturales que le dan sus competencias específicas y que son la base de su desempeño. Es la verdad de su realidad interna pura, sin esteriotipo ni maquillajes; la realidad de su fuero interior donde no hay engaño con el mismo, ni hay imagen que cuidar. Como dice Manuel Barroso: “En esa dimensión no hay pantallas, ni imágenes, ni pretensiones”. Sólo subyace la verdad descarnada de quiénes somos; de nuestros propios procesos personales: adaptación, identidad, arraigo, congruencia, más allá de los contenidos y los convencionalismos.

Dice Manuel Barroso: “La efectividad es una disposición interior para hacer las cosas con la conciencia de la propia verdad, una fuerza interna orientada hacia la transformación, competencia de la autoestima, que le permite al individuo, llegar a donde quiere llegar, hacer las cosas que quiere hacer sin sentir que tiene que negarse a sí mismo. Ser efectivo es ser responsable, depender de sí, de sus recursos y creatividad propia, sin poner la culpa en otros, sin esperar que otros lo hagan. La practica de la propia verdad, es la que convierte al líder en una persona con credibilidad, responsable de sus éxitos y fracasos, orientado solamente por la conciencia de sí mismo”.

Cuando no hay conciencia de mi verdad, vale decir, de mis necesidades, de mis emociones y de mis procesos internos, no hay posibilidad de autenticidad ni de construcción de autoestima, ni tampoco conciencia del entorno (del otro). Lo que priva entonces es el esteriotipo, la fachada, el envolverme en la cultura del entorno y no ser capaz de establecer límites y permanecer diferenciado; el ser extranjero en mi propio cuerpo, la conducta ajena a mis opiniones; la carencia de humildad para ejercer el poder con justicia y efectividad. Esta categoría de líderes llenan sus vidas, en ausencia de una conciencia de sus necesidades, sentimientos y vivencias, con sus títulos, posesiones materiales, conocimientos e información, poder y estatus. Entonces es fácil ceder ante las demandas e intereses de otros, porque lo importante es la aceptación y el reconocimiento de los demás. Este tipo de líderes llenan de sufrimiento a la organización, son exportadores gratuitos de estrés. “Gerencian con un sí mismo débil, proyectado en violencia, maltrato e indiferencia” (Manuel Barroso). Agrega el propio Barroso: “La gerencia que no comienza por el mundo interior del gerente, la gerencia de no contacto consigo mismo, inconsciente de sus necesidades y sentimientos, termina siendo no sólo inefectiva sino perjudicial.

La plataforma sobre la cual lideramos no es, pues, las técnicas o metodologías que podamos utilizar, ni el conocimiento teórico que podamos haber adquirido sobre liderazgo en las universidades, sin desdeñar de su valor y utilidad. Lideramos desde el poder del desarrollo personal, desde el crecimiento y madurez de la vida interior. La calidad de la gestión del líder o gerente está relacionada con la conciencia y madurez de su vida interior. Dice Manuel Barroso: “El éxito tiene que ver con el trabajo organizado desde la fortaleza interior, mirando a futuro, tomando decisiones para ubicar su gestión en escenarios de alto desempeño”. Peter Senge agrega: “El domino de nuestra persona nos permite ser magistrales en lo que realizamos”.

El liderazgo, entonces, se desarrolla de adentro hacia fuera, desde las cualidades del carácter de las personas. John Adair dice que “el liderazgo es más una cuestión de personalidad, temperamento, actitudes y valores”.

Sin madurez de carácter no hay liderazgo efectivo. La efectividad en el ejercicio de liderazgo no viene a través de la adopción de recetas fáciles y rápidas, ni formulas prefabricadas. No por realizar algún taller o curso de liderazgo, ya somos unos líderes eficaces. Llegar a ser líder toma tiempo, porque el carácter no se construye en un día. El desarrollo del liderazgo constituye un proceso de crecimiento, cultivo y expresión de la vida interior. No es más que, en palabras de Warren Bennis, “autoexpresión libre y total”, vale decir, expresión plena de necesidades, sentimientos, ideas, valores, competencias y voliciones.

Una cosa es el conocimiento teórico sobre el liderazgo y la gerencia, y otra es el conocimiento de mí mismo ejerciendo liderazgo o gerenciando a otros; el como me vivencio con mi estilo de liderar. En el ejercicio de un liderazgo efectivo pesa más la conciencia de mí mismo en el desempeño del rol de líder, con mi estilo particular, vale decir, la forma como me experiencio y reconozco a mismo, en mi propia realidad interna, funcionando como líder, que toda la formación académica y modelos teóricos aprendidos, a través de talleres, postgrados y libros leídos, y aún pesa más que toda la teoría y conocimientos que me han sido transferidos y que he acuñado como mapas: teorías y modelos, de cómo funciona el liderazgo y la gerencia.
Mi percepción y mi propia reflexión acerca de mi desempeño como líder son fundamentales para mi efectividad. Es de vital importancia mi reflexión, por ejemplo, sobre qué pasa conmigo cuando aún entendiendo intelectualmente (según modelos teóricos) que estilo de liderar / gerenciar (autocrático – democrático), según las circunstancias, es más apropiado, pero que en la práctica no logro desempeñar sin problemas y serias limitaciones propias; así como también qué mapas se disparan, qué emociones aparecen y me bloquean. Ese conocimiento de mi mismo no lo puedo tomar prestado de algún libro ni recibir por transferencia de otra persona ni endosar a otro. Al fin y al cabo, como dijo Nietzsche, “uno se experiencia sólo a sí mismo”. “Podré dar mi sangre, mi conocimiento, pero mi ”mi mismo”, imposible, es algo personal e intransferible. Esa conciencia de mi mismo, ni la puedo ceder, ni negociar, ni dar a otros porque dejaría de ser yo mismo. Es la dimensión íntima de la conciencia pura, del contacto, de lo auténtico, de lo verdadero, de lo único y exclusivo” (Manuel Barroso).

Pero el vivir conscientemente no es automático, más bien es una elección en cada momento de la vida: aquí y ahora. Dice Nathaneil Branden: “Tenemos libertad de obrar en pro de la ampliación o limitación de la conciencia. Podemos aspirar a ver más o ver menos. Podemos desear saber más o no saber. Podemos vivir conscientemente, o semiconscientemente, o (para casi todos los fines prácticos) inconscientemente. Este es, en definitiva, el significado del libre albedrío”.

Vivir concientemente implica:
  • Hacerse responsable por las acciones realizadas y sus consecuencias. Tomar responsabilidad por nuestra propia vida. “Hacerse responsable del conocimiento adecuado a la acción que estamos efectuando” (Nathaniel Branden).
  • Ser consciente de las emociones que experimentamos, aprender a reconocerlas y aceptarlas. Acostumbrarnos a vivenciarlas sin juzgarlas buscando el mensaje que intentan comunicarnos.
  • Tomar conciencia de los talentos y habilidades naturales dominantes, que son la base de nuestro desempeño.
  • “Respeto por los hechos de la realidad – los hechos de nuestro mundo interior así como los del exterior” (Nathaniel Branden).
  • Tomar contacto con nuestras necesidades: aprender, amar, trascender, seguridad, etc..
La madurez de nuestra función conciente determina nuestro aprendizaje y crecimiento y la forma (efectiva- inefectiva) como contactamos con el entorno. Determina también nuestra forma de ser y estar en el mundo. La conciencia es una función integradora que, desde una visión holística, organiza, direcciona, da sentido a nuestros conocimientos y vivencias, que nos permite reconocernos y experienciarnos en nuestra propia realidad interna. Esta función integradora es dinámica y expansiva, en la medida en que vivimos conscientemente. Me gusta definirla tomando prestada una expresión de Manuel Barroso: “Una inteligencia interior, de crecimiento, que nace y evoluciona con nosotros”.

El líder, como toda persona, necesita crecer en este autoconocimiento; en esa verdad de si mismo, única, exclusiva e intransferible, propia de cada ser humano.

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Arnoldo Arana


Master en Gerencia de Empresas


2 Comentarios en "El valor del autoconocimiento del líder"

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aaron

por medio de este articulo pude darme cuenta de la gran cantidad de areas de oportunidad que todo tenemos y que si somos capases de auto liderearnos podemos ser lideres efisientes

catherine sostre

Entre tantos lideres, hay lider... y este articulo me posiciono y me caracteriza como un verdadero lider, muy pocas veces podemos expresar o escuchar del interior de un líder, los bendigo en el nombre de nuestro Senor Jesús. :)


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