Emociones y trabajo

La gestión de las emociones en el trabajo y sus efectos en los resultados

Todos los conocemos: compañeros de trabajo que nunca tienen nada positivo que decir, bien sea en las reuniones periódicas o haciendo cola de la cafetería. Con unos cuantos comentarios selectos pueden absorber toda la energía que circule...

La negatividad de algunos compañeros de trabajo influye de manera muy importante en el resto de compañeros, absorbiendo su energía vital.

Se trata de compañeros de trabajo que nunca tienen nada positivo que decir, bien sea en las reuniones periódicas o haciendo cola de la cafetería. Suelen quejarse de todo y siempre están de mal humor. Normalmente, son muy conocidos en la empresa por estos defectos y cuando hacen acto de presencia suelen transmitir estas energías negativas al resto del personal. Y los jefes lo saben.

De hecho, son capaces de absorber toda la energía que circule en una reunión de tormenta de ideas y, es que, su mal humor pone a otros compañeros de mal humor, pues les transmiten esas malas vibraciones de forma espontánea y rápida. Su negatividad puede acabar contaminando incluso las buenas noticias. Según la profesora de Gestión de Wharton, Sigal Barsade, "se produce un contagio emocional ya que las emociones viajan de persona a persona como si se tratase de un virus", asegura esta experta en inteligencia emocional.

Barsade es coautora de un artículo titulado "Why Does Affect Matter in Organizations?", ("¿por qué el afecto importa en las organizaciones?). Al parecer, según los autores del artículo, la palabra "afecto" está presente en los estudios de comportamiento y suele emplearse para hacer referencia a las emociones. Así, el estado de humor, emociones y temperamento de los trabajadores tienen efectos sobre los resultados laborales, sobre los procesos de toma de decisiones, la creatividad, las tasas de rotación, el trabajo en equipo, las negociaciones y el liderazgo. Según el coautor del artículo Donald Gibson, de Dolan School of Business, Universidad de Fairfield, "el afecto importa porque los individuos no son islas emocionales aisladas; cuando los trabajadores acuden al trabajo, también llevan consigo sus rasgos, estado de humor y emociones; sus experiencias y expresiones afectivas afectan a los demás", asegura.

En los últimos años, ha tenido lugar una "revolución afectiva" en la que las emociones de los empleados ya forman parte de la propia organización, según Barsade que ha estado investigando este área de las emociones y dinámicas de trabajo, durante 15 años. Barsade sugiere que, aunque algunas personas son mejores que otras en el control de sus emociones, eso no significa que sus compañeros de trabajo no se den cuenta de sus estados de ánimo.


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